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Una vidriería local hacía buenos trabajos (mamparas, fachadas, barandas, ventanas), pero no tenía dónde mostrarlos. Dependía del boca a boca y de enviar fotos sueltas por WhatsApp.
Al analizarlo aparecieron dos públicos que deciden de forma distinta:
- Particulares, que eligen por fotos, cercanía y confianza.
- Estudios de arquitectura y constructoras, que buscan casos parecidos al suyo, capacidad técnica y rapidez de respuesta.
La web tenía que convencer a los dos con el mismo contenido y, además, el negocio debía poder actualizarla sin depender de un programador.
Este proyecto no fue un encargo: fue una propuesta mía al negocio. Eso cambió las prioridades: la meta era que el dueño dijera "sí" y empezara a usarlo, no entregar una lista de funciones.

